Texto: Guillermo Fadanelli / México
Texto y fotografías: Renato Ornelas / México.
Traducción: Déborah Antscherl
Fotografías : Cortesía del artista.
Texto y fotografías: Pilar Ainciburu / Argentina.
Texto: Renato Ornelas / México.
Fotografías: Gonzalo Morales / México.
Agradecimiento especial a Héctor Mijangos.
Texto: Jorge Dorantes / México
Texto: Jessica Diaz / México.
Fotografías: Dante Aguilar y Rodrigo Tovar / México.
mis obras. Ése sería un sueño hecho realidad.
GL: Pero lo que yo preguntaba era que si tú pudieras producir una sola obra, una película, o construir una ciudad… Pero tal vez para ti eso no es una pregunta.
SB: La verdad es que estoy desarrollando una película ahora. Es un drama, o más bien juego con el género del drama. A fin de cuentas, hago lo que me da la gana.
GL: ¿Tu realización no tiene límite?
SB: Los límites son parte del sistema, igual que la situación económica actual. Por lo tanto sí, siempre existe algún tipo de límite, pero hay que encontrar una manera de evitar los límites. Es el deber del artista.
GL: ¿El sistema no te hace sentir controlado o bloqueado?
SB: No mucho. Cuando uno se inventa a uno mismo siempre existe otra manera de hacer las cosas. Es parte del proceso reflexivo. Cuando todo queda resuelto, de repente todo es aburrido. Uno es un jugador en la sociedad, y las reglas cambian en todo momento y uno está siempre intentando encontrar su sitio entre todo eso. Me parece que lo único que podría detenerme es que mi cerebro se bloqueara. Siempre pienso que puedo o bien hacer una obra en una hoja de papel o puedo gastarme 50 millones de dólares en un proyecto. Para mí es todo lo mismo. El valor del trabajo es idéntico. Me complace trabajar a todo tipo de escalas.
GL: Imagínate por un momento que Louis Vuitton te pide diseñar unos bolsos,o una colección. ¿Dirías “acepto, es un reto, es interesante”, o bien dirías algo más como “para mí esto no representa ningún reto”?
SB: En definitiva lo consideraría. Está claro que se trata de un reto: un reto que me interesaría. Si usted fuera Louis Vuitton, lo que yo le diría es que me encantaría hacer un bolso al revés. Ésa sería mi idea, rápida y simple: en vez de exponer el exterior del bolso yo le daría la vuelta para mostrar qué hay detrás de todo eso. Es algo rápido que sigue la metodología de mi trabajo, que implica pensar rápido y que a mí me parece que refleja la sociedad. Haría pensar: “Voy a comprar ese bolso, está al revés”. Evidentemente, tal es la metodología de mi trabajo, la vuelta de tuerca, el ver la sociedad como algo retorcido. Se trata de retorcer el mundo, verlo desde otros ángulos, y es eso lo que hace pensar en el significado de lo que es la sociedad.
GL: Tu arte es una manera de pensar la palabra, ¿verdad?
SB: Exactamente. Y en cuanto a esta teoría sobre la hipermodernidad… Me parece que está muy asociada con mi obra, curiosamente. Tal vez usted tenga otra imagen de ello… Lo interesante aquí es la comunicación y cómo otro artista podría adoptar o relacionar su visión de la hipermodernidad con la mía, por ejemplo.
GL: A principios del siglo XX hasta los años 60, o incluso hasta los años 70, siempre habían muchos grupos de artistas vanguardistas. Así se definía la modernidad. Pero la hipermodernidad…
SB: No es que tenga un grupo de amigos peleándose por una misma cosa, y eso conlleva a buenos y malos momentos. Es la condición contemporánea, articular un significado propio en todo momento, el proceso de personalización. Es una lucha constante contra una sociedad harto individualista… De hecho, se convierte en algo tan individualista que a veces se podría llegar a desaparecer. Pero ése es el reto, lo que hace seguir pensando y trabajando. Creo que éstas son las condiciones bajo las que vivimos. No digo que sea algo bueno o malo. Es la condición.
problemas”, así que –como ves– intento tratar conceptos que están íntimamente relacionados con este mundo capitalista. En realidad es al revés. No sé si me explico. Se trata de jugar con la inmaterialidad pero desde adentro del sistema de consumo, en vez de pretender ser un artista tipo Warhol. Se trata de una manera de pensar post-Warhol, y por lo tanto yo me refiero al capitalismo usando lo que es la antiforma en vez del marxismo.
GL: Sí, claro.
SB: Me parece muy interesante esta situación, cómo se colapsan los límites. Como, por ejemplo, yo no tengo un estudio, no soy ese tipo de artista tradicional.
GL: Sólo trabajas con conceptos...
SB: Sí, trabajo con una computadora, un teléfono, con otros arquitectos… Ya sabes, me gusta mantenerme conectado a la industria de la sociedad actual. No me voy a poner todo nostálgico y a emprender la cerámica de repente. Empleo ventanas y cristal, uso señales que encuentro en la calle… todo y cualquier material hallado en las ciudades industrializadas, como los letreros luminosos de luces de neón…
GL: Entonces, ¿en este aspecto eres un artista hipermoderno?
SB: Me parece que por eso me interesó su teoría, porque me siento conectado con todas estas ideas suyas acerca del mundo real y de cómo uno forma parte del mismo. Aquí lo que me interesa no es tanto barajar dicha hipermodernidad desde el punto de vista del observador, sino formar parte del proceso. Es mi realidad y quiero reflejarla de una manera poco ilustrativa. No pretendo retratar el fenómeno tanto como formar parte del proceso. Por ejemplo, nunca haré nada con productos. Se trata de empujar esos límites hipermodernos hasta el siguiente nivel hasta casi hacer desaparecer, pero aún incorporándose en esta hipermodernidad.
GL: Entonces, ¿su intención no es el placer de las personas, sino el de la comunicación?
SB: Exactamente. No es mi preocupación principal. Cada cual tiene su forma de conseguir placer. Creo que mucha gente cuando ve mi trabajo y lo compra, encuentra en ello un pequeño placer, quizá por razones diferentes. Pero sí, yo creo que el placer siempre está manipulado por el sistema.
GL: Sí, pero tú no estás en contra del sistema, ¿no?
SB: No, de ninguna manera estoy en contra del sistema. En realidad creo que soy un reflejo bastante bueno del sistema. Me gusta jugar con ello, forzar los límites, como presionar el pedal y acelerar para ver lo lejos que se puede llegar. Pertenezco a la sociedad. Y eso es lo que de verdad me interesa al final: la sociedad. Porque no quiero sentirme como un artista aislado en las montañas, soñando.
GL: Como sabes, los artistas pop han trabajado mucho con la imagen televisiva, con los cómics y la publicidad. ¿Qué relación tienes tú con la publicidad, por ejemplo?
SB: La manera en que me fijo en la publicidad está relacionada con el concepto de la velocidad y de la simplicidad. Mi trabajo es muy directo, aunque tenga una vertiente nihilista y negativa. Es frontal y directo, porque estoy convencido de que en esta sociedad no hay tiempo que perder. Todo tiene que transmitirse a tal velocidad que cuando por fin se recibe el mensaje, éste ya no existe. Se trata de la clase de sensación de que sólo hay cinco segundos disponibles para mirar algo, para luego seguir con lo próximo y lo próximo.
GL: Si te encontraras en una utopía con todas las posibilidades de realizar lo que quisieras, ¿qué realizarías?
SB: Se me ocurre una cosa: si tuviéramos que enviar algo muy especial al espacio exterior y sólo pudiera ser una cosa que representara la sociedad tal y como es hoy en día, me encantaría que fuera una de
Una simple mirada a la obra del artista Stefan Brüggemann rápidamente revela la verdadera obstinación del artista mexicano por el mercado de consumo, además de cómo intercambia ideas y métodos con el resto de la producción artística contemporánea. Si existe un pensador que haya trabajado este tipo de tema minuciosamente se trata, sin duda, del sociólogo francés Gilles Lipovetsky. Por ello era de esperar que estas dos mentes activas llegaran a chocar en algún momento, concretamente al sentarse a discutir la imposibilidad de la autonomía artística, la cuestión de la hipermodernidad y de las secuelas del arte conceptual entre muchos otros temas.
Stefan Brüggemann (n. México,1975, vive en Londres) empezó a interesarse por la obra de Gilles Lipovestky (n. París, 1944) tras encontrarse con unos escritos sociológicos suyos sobre estética, moda, cultura popular y los nuevos propósitos del consumismo, tal y como consta en L’Empire de l’ephémère (1987), Les temps hypermodernes (2004) y más recientemente Le bonheur paradoxal (2009). Han resultado ser unos clásicos instantáneos de la filosofía social que opinan sobre el estado actual del capitalismo, algo que ha impulsado a muchos a consumir en busca de la gratificación personal antes que tocar temas de apariencias y de estatus social.
Esta conversación tuvo lugar en Francia, en mayo de 2009:
Gilles Lipovetsky: Entonces lo que de verdad te interesa es ser libre.
Stefan Brüggemann: El problema está en que ahora, con todos los procesos vigentes de personalización e individualismo crecientes, se nos abren tantos caminos hacia la libertad que acabamos por no optar por ninguno de ellos. No vamos a contracorriente de ningún movimiento ni estamos a primera ni a última línea de fuego. La sociedad en que vivimos ya es profundamente individualista, al estar formada por rebeliones y plataformas personales contra uno mismo en vez de contra de la sociedad. Con tanta libertad por delante no hay nada que no pueda pasar, no existe un ideal político dominante: todo, desde los ideales hasta posturas y deseos, queda irremediablemente fragmentado.
GL: Sí.
SB: Y es por eso que creas un silencio, un vacío, en lo que respecta a la provocación. Pero cuando digo provocación me refiero sobre todo a la comunicación.
GL: Claro, algo para que el público reaccione.
SB: Sí, o para que lo absorban o lo consideren o sencillamete hagan caso omiso. No creo que la provocación ya tenga ningún interés en sí. Sería algo inocente pretender que uno puede llegar a provocar hoy en día.
GL: Así que, ¿podría decirse que buscas una conciencia de la comunicación?
SB: Sí, se trata de comunicar, pero también de plantear preguntas. Cuando la gente observa mi obra se trata de lo que puede ver, más que de lo que la obra en sí representa. La obra insta a pensar en algo, plantea una serie de conciencias, de tiempos, del tiempo en que vivimos. Lo que me interesa es de qué manera la obra insta a pensar.
GL: Ahora que se ha establecido esta nueva conexión entre artistas y la industria, moda y lujo, hay muchos artistas que se pueden poner a trabajar para marcas. ¿Te parece mal esta posibilidad? Porque tal es la esencia de la hipermodernidad. ¿Te consideras parte de estas industrias o más bien separado de todo ello?
SB: En un pasado reciente, me asociaban a mí mismo con un movimiento de arte conceptual que era más que nada un movimiento marxista; querían hacer desaparecer el objeto dentro de lo que es el arte. Pero en mi caso yo presenté una obra textual que declara, “Pensar causa
II. Gabriela y Tere Artigas pasan por mí y me llevan a su “tienda” Genesee, en Hollywood. Es curioso, pero apenas llegamos, la lluvia para, el sol sale entre gruesas nubes y la casa verde pistache se ilumina para fotografiarla.
III. Genesee me impresiona. Una tienda así nunca funcionaría en el D.F. Gaby y yo nos sentamos a platicar. Le digo que la voy a grabar y que no usaré la entrevista, le miento a medias.
IV. “Gabriela Artigas es una marca y yo no sé cómo llegó ahí, lo único que sí sé es que viene de esto”, Gabriela pasa una mano por su rostro y pecho, “es sentarme a jugar. Nunca he tenido un business plan. Todo empezó siendo un juego.”
V. “Genesee es una exensión de Gabriela Artigas. Toda persona involucrada en Gabriela Artigas está igualmente involucrado en Genesee. Genesee juega más que el complemento público de la compañía, también es el componente social y en algunos casos el resto de todo, no es solamente el lugar para encontrar a Gabriela Artigas, es también el lugar para encontrar que es lo que a Gabriela Artigas le gusta y cree”.Tomado de la página de internet de Genesee.
VI. “Mi idea de la joyería es adornar al cuerpo. Me encantan las señoras elegantes y arregladas. Éste es tu cuerpo, lo cuidas, lo alimentas, lo adornas.”
VII. En medio de la entrevista llega un matrimonio joven con sus dos hijos pequeños que vienen para comprar joyería de Gabriela. Al final la familia trendy se lleva más de lo que originalmente planeaban. Gabriela acaba de vender, a consignación, unos 6 collares de su última colección.
VIII. Gabriela y sus hermanos son nietos del conocido arquitecto mexicano Francisco Artigas. Él definió, junto con Luis Barragán, el estilo “Pedegral” y junto con sus socios prácticamente diseñó la ciudad de Sinaloa.
IX. “Todo me va llevando a un punto y creo que va a haber muchas colaboraciones. No puedo llegar a trabajar con Karl Lagerfeld de improviso; me gustaría hacerlo hasta que lo conozca porque tiene que haber, tiene que haber…” Gabriela mueve sus manos entre ella y yo.
X. La lluvia vuelve. Comemos en la cocina coles de Bruselas horneadas y ensalada con aderezo. Hay una Gabriela Artigas frente a mí que muerde sus coles con cuidado y hay otra Gabriela Artigas que ya sobrepasó a la joven mujer que mastica suavemente frente a mí.
de las tiendas del mundo. La psicogeografía angelina también hace posible que Genesee exista como un exitoso experimento de mercado y consumo al estar ubicado en el corazón de Hollywood, epicentro de la cultura yanqui. Genesee da una sensación de exclusividad en una atmósfera familiar y cálida, el resultado se transforma en ventas, que van desde los 10 dólares por una pulsera de “cepillo de dientes” de Gabriela Artigas hasta 9 mil dólares por un set de 6 pinturas de Yuval Pudik.
¿Qué se encuentra en Genesee? No es que haya cosas inauditas o que no se pudieran llegar a conseguir en otros lugares, más bien se trata de la dinámica y relación que la familia Artigas guarda con los creadores de los objetos que están a la venta y cómo esto lo transmiten haciendo que los objetos se conviertan en únicos. Genesee tiene la exclusiva de 5 marcas de los diseñadores de moda mexicanos, jóvenes, más importantes: Carlos Ortega, Mancandy, T.E.M.O.R.E.S., Taller Flora de Carla Fernández y Trista. Alejandro Artigas no sólo se ocupa de producir el mobiliario (mesas, escritorios, clósets y muebles varios) y el diseño interior de Genesee, a través de ARTLESS (su proyecto personal) también se encarga del arte en la casa, su gusto por la ilustración y la fotografía es evidente, de modo que no es una sorpresa encontrar trabajos recientes de Daniel Ingroff, John Monn, Lyn Winter y Yuval Pudik.
Para que la idea de casa y hospitalidad pueda terminar de hacer sentido debe haber una cocina y así utilizar la comida como un elemento más de cohesión. Tere Artigas se encarga de hacer comida, aguas de sabor, té y café; sus galletas de avena están cobrando fama más allá de las cuatro paredes de Genesee. En colaboración con una productora agrícola, parte del jardín trasero se ha convertido en una huerta cuyos productos se utilizan para la elaboración de los platillos que se ofrecen en Genesee; los precios de los alimentos son sugeridos y se invita a pagar lo que uno desee.
Kelly Parson escribe para la.racked.com la mejor definición para la concept store de la familia Artigas: “Genesee, como ellos lo llaman, no es un showroom, ni una tienda, sino un colectivo de artistas, diseñadores, escritores y pensadores que buscan entender lo que significa producir en estos tiempos”.
Gabriela Artigas
La Joya de la Corona
I. Viajé a Los Ángeles y desde el momento en que llegué, y por una semana completa, no paró de llover. Estuve en un encierro voluntario que parecía forzado: varado bajo la lluvia y sin auto en El Ei.
Han sido tema y nota de la prensa local en materia de diseño y lifestyle en la ciudad de Los Ángeles. La familia Artigas, originaria de la ciudad de México, ha inventado algo que no se puede definir con una palabra y esta idea se encuentra en el interior de una casa en la esquina de Genesee y Fountain, en la pequeña comunidad residencial de Spaulding Square en el distrito de Hollywood .
Spaulding Square floreció en los años 20 como iniciativa del arquitecto Albert Spaulding. Las casas, en un radio de aproximadamente 8 cuadras, guardan celosamente su estilo neoclásico y bajo este ambiente residencial se encuentra la casa a la que la familia Artigas llamó Genesee.
Barbara Thornburg, en su columna L.A. at Home de Los Angeles Times, comienza una reseña sobre Genesee con una pregunta muy interesante: “¿Cuándo una casa deja de ser un hogar?” La respuesta de Barbara es: “Posiblemente cuando todo lo que contiene está a la venta?” Decir que todo lo que está dentro de Genesee se puede adquirir no es una exageración.
Genesee surgió como una necesidad y como respuesta a muchas vacantes que existían en los diferentes procesos creativos de los hermanos Artigas, aunque tampoco se puede ignorar la injerencia, opinión y experiencia de Teresita, la matriarca del clan, en el proceso de creación y desarrollo de la idea. De hecho, Teresita elabora una salsa de chile chipotle, My Mother´s Salsa, que se vende exclusivamente en Genesse y es una vieja receta de la familia.
En algún punto de su desarrollo como joyera y artista, Gabriela Artigas se encontró con que no tenía un showroom que complaciera sus expectativas; por otro lado, Alejandro, arquitecto de profesión, comenzaba un romance con el desarrollo y producción de su línea de muebles ARTLESS, dejando la arquitectura de lado, pero también sin tener un lugar donde sus muebles convivieran con el entorno de una manera natural, y no dispuestos como en el piso de un almacén. El talento de Tere, la hermana de en medio, estaba por explotar. Lo suyo tiene que ver, junto con Teresita, con que cada visita sea como entrar a casa de un amigo; auténtica hospitalidad mexicana en un ambiente que conjuga moda, arte, diseño, música y un menú de comida que utiliza los mejores y más cuidados ingredientes.
El proyecto de Genesee comienza como un showroom, pero desde su concepción se perfila diferente, especial. Poder hacer un lugar donde la experiencia de comprar tuviera que ver más con la sensación de encontrar artículos únicos sin la disposición estética que mayormente abunda en el resto
muy caliente durante la época de lluvias y que más de una vez estuvo a punto de estrangularme con su hermoso cuerpo. Si bien la temperatura ideal para las boas constrictor oscila entre los 25 y 35 grados centígrados, durante la época de lluvias estas víboras se olvidan de toda clase de protocolo y arrojan el termómetro a la basura. Es probable que mis palabras revelen cierta dosis de despecho, pero yo no veo las cosas de esa manera. Los ebrios sabemos que cualquier mujer que viva a nuestro lado nos hace un invaluable servicio y que tarde o temprano ella se marchará para hacer su propia vida.
El jueves, cuando Mariana me comunicó que cambiaría de aires, noté en sus palabras una cierta amargura. No encontré en su ánimo nada de aventurero, sino más bien el sosegado entusiasmo que da la sabiduría y la resignación unidas. Y ahora que ella no está aquí y cuento con el tiempo suficiente para rumiar el pasado, viene a mi memoria un hecho que hasta hoy toma densidad y se hace importante. Cuando yo me encelaba por todos esos ratones que ella se comía, mi reacción era violenta y desesperada, la increpaba duramente, lanzaba objetos contra los muros y abandonaba la casa por dos o tres noches. En cambio, las pocas veces que ella estuvo celosa al notar que otra mujer me atraía más de lo normal, guardaba silencio y se volvía más bella que nunca sólo para hacerme sufrir. Yo no podría afirmar qué hacía ella exactamente para tornarse más hermosa, acaso el vestido, el cabello, los zapatos que sabía combinar tan bien con sus pupilas. ¿Cómo pasaba de ser una Boa constrictor imperator mexicana a una Boa constrictor melanogánster ecuatoriana? No lo sabré nunca, ni siquiera dejando de beber.
que sean piadosas y no estén buscando quién pague los platos rotos de su pasado. Quiero decir los verdaderos ebrios, no los borrachos ocasionales que cierta noche se embriagan, pierden la inhibición y abren en canal sus penosos sentimientos. Yo habría querido mantener a Mariana en cautiverio, alimentarla de esos ratones que tanto le gustan, poner a su servicio un bebedero de agua cristalina y colocar duras y abundantes ramas en toda la casa para que ella trepara y mantuviera cálido su cuerpo. Pero ella quiso salir a conocer el mundo y ahora vivirá menos tiempo, aunque probablemente será más dichosa. La tarde del jueves, reposando ambos en la cama, Mariana despertó de su acostumbrada siesta y me susurró al oído estas suaves palabras: “He decidido cambiar.” No se refería a cambiar de posición en la cama, sino a mudar de piel y a buscarse la vida en la intemperie. Durante mi larga vida, la escasa felicidad que he llegado a disfrutar me ha tomado siempre en posición horizontal, sea durmiendo o fornicando. Pero esta vez fue distinto, y aún tirado en la cama, la noticia de que Mariana deseaba cambiar de piel me entristeció.
Alguna vez escuché en la barra de una cantina a un viejo de semblante cadavérico responder a la pregunta de “¿por qué no has tenido hijos?” con la frase siguiente: “tuve semen, pero no tuve tiempo.” Es probable que la insistencia de Mariana por cambiar de piel hubiera tenido que ver con el asco que me producen los bebés. Las boas son capaces de parir cerca de 20 crías de una sola tirada, lo que bien mirado es un episodio despiadado y monstruoso. No me imagino a un ebrio cuidando 20 crías dentro de una cuna sin imaginarse por un momento que está viviendo una temporada en el infierno. No creo develar una intimidad si cuento que Mariana se ponía
Mariana mudó de carácter un jueves a las cuatro de la tarde. Si las razones de su muda fueran conocidas, se resolverían varios enigmas científicos y filosóficos. No existe manera de saber por qué su semblante delicado se transformó de pronto en un temperamento amargo e incluso agresivo. Mudó de piel como lo haría una boa constrictor. Y no por ello voy a cometer el desaguisado de llamarla “la Boa Mariana” ni nada parecido, aunque no dejo de pensar que se trata de una buena comparación, no demasiado sofisticada ni imaginativa, pero acertada. Las boas no son peligrosas si eres un ser humano, pero si tienes cierto parecido a los ratones o murciélagos, entonces es conveniente mantenerse a distancia. Las boas aprovechan las noches para cazar y durante el día duermen como ninfas silenciosas en las copas de los árboles. Mariana no parecía ser peligrosa y durante el día pasaba inadvertida, su silencio no era ruidoso y sus movimientos te hacían pensar que el tiempo dormía a su lado. Por el contrario, en las noches despertaba, comía ratones y la presión de sus piernas podía astillarte los huesos. Los ratones a los que aludo no eran pequeños animales, sino hombres que la acechaban aprovechándose de mi ebriedad y mi distracción. Entre estos roedores humanos había desde zalameros, enanos y pusilánimes hasta una que otra buena persona. Mariana se los tragaba enteros y tardaba muchos días en llevar a cabo la completa digestión. Quizá ésta era una de las razones de su aparente pasividad: ella bostezaba mientras un estúpido se moría dentro de su estómago.
Las boas viven hasta 40 años en cautiverio y el jueves a las cuatro de la tarde. cuando mudó de carácter, Mariana acababa de cumplir 35. A los ebrios nos resultan bellas las mujeres de casi cualquier edad, siempre



Para comenzar una colección siempre parto desde el material, los textiles, hilados, estampas y jacquares son los que marcan el eje de la colección.
Desarrollo estampas y jacquares exclusivos, elementos que diferencian la propuesta de la marca.
Para las estampas, es una constante la inspiración en la naturaleza. Por ejemplo, este año (Otoño-Invierno 2010 en el hemisferio sur) desarrollé dos prints: un clásico animal print y una estampa desarrollada luego de observar las cortezas de los árboles.
El desarrollo de las estampas implica un largo proceso de búsqueda de imágenes de inspiración, después viene la parte de dibujo y prueba y error para finalmente desarrollar el rapport y su repetición a lo largo de la tela.
Una vez concluido el diseño, envío todos los rollos de tela al estampador, y si bien estampo alrededor de 500 m por dibujo, el proceso es completamente manual: se hace un shablon del ancho de la tela y se va pasando metro a metro y grabando el dibujo. Al finalizar se pasan todos los
rollos por una máquina termofijadora.
Y en ese momento en que tengo la tela inicio el desarrollo de las prendas. Las cuales también tienen varios pasos. A partir del diseño se hace un molde y su muestra correspondiente hasta lograr el calce buscado y que la prenda quede tal cual como la había pensado.
Claro que también a veces surgen cambios dentro del proceso, ya sea porque las cosas no se pueden materializar como una las imaginó en un principio o porque en el camino aparecen nuevas resoluciones y nuevas ideas con las cuales resulta interesante seguir trabajando.
Todo el desarrollo de la colección lleva consigo el trabajo de mucha gente. Más allá del diseño, me ayudan modelistas, costureros, planchadores, estampadores y tejedores en cada colección, son una parte fundamental del trabajo.
Y luego de meses y meses de intenso trabajo, llega el momento de presentar la nueva temporada, pero yo ya tengo que correr y correr para realizar la temporada
siguiente y comenzar nuevamente un largo camino.
Sobre la diseñadora: Pilar Ainciburu se graduó de Diseñadora de Indumentaria en la Universidad de Buenos Aires, así como cursos de perfeccionamiento en la Central Saint Martins en Londres. De regreso a Buenos Aires, fue seleccionada en el concurso “Des Jeunes Créateurs de Mode”, participando en el desfile final en el Carrousel du Louvre (París, Francia).
En septiembre de 2005 lanza la primera colección de su marca Aintzi Buru. En agosto de 2007, la marca es ganadora del concurso “Diseño + Contactos = Negocios” organizado por el Centro Metropolitano de Diseño (Gob. Bs. As) junto con Buenos Aires Moda. A fines de 2007, Aintzi Buru abre su primer local en el barrio de Recoleta y sus colecciones se ha presentado en la sección de Showrooms del BAF (Buenos Aires Fashion Week) en varias oportunidades.

“Creo que deberíamos empezar con la pregunta ¿qué es lo que trae a Michael Nyman a México?” , cuestiona el entrevistador y antes de que éste termine la pregunta, Nyman responde –como lo hará a lo largo de la entrevista– con una mezcla de sarcasmo e ironía salpicados por su fuerte acento inglés. “British Airways brought me here.” Y el entrevistador arremete: “¿Primera Clase? De hecho, no”, responde Nyman, “ni siquiera business. Volé en clase turista porque…” –la respuesta se hace esperar, Nyman piensa, voltea hacia la ventana de su nueva casa en la ciudad de México– “porque no duermo, y no veo razón por la cual pagar dinero extra si no vas a dormir”.
Nyman me recordó mucho a William Klein, posiblemente después de John Cassavetes el cineasta estadounidense más importante e influyente del cine indie. Dos hombres maduros con un cuerpo de trabajo aplastante, personajes prolíficos, creativos y competitivos, pero que responden en las entrevistas con cierto desdén. No es que Nyman o Klein no se sientan interesados en una entrevista o en otro artículo más sobre su trabajo o su excéntrico modo de vida (el último en claudicar es el ego), pero ya han hecho suficiente, se han excedido incluso. Las respuestas, a cualquier entrevista, siempre han estado en el trabajo, en la obra y las preguntas, después de tantos años, deben de ser las mismas. “Desde que llegué hace 4 semanas sólo puedo dormir 3 o 4 horas cada noche.” Nyman se pasa las manos por su cara, como un chaval que se muere de sueño, se vuelve a poner sus icónicas gafas y la plática continúa.
“Todo lo que es mi vida aquí [en México] es el completo opuesto de mi vida en Londres.En términos de una vida interior y exterior, en Londres raramente salgo de mi casa, lo hago para comprar el periódico, algo que no puedo hacer aquí; es la única desvantaja que tiene México, no se puede comprar The Guardian. Mi estudio en Londres es más pequeño que esto, es muy silencioso, vivo en la calle más silenciosa de la ciudad, en el barrio de Islington. Si un auto o una moto pasa por mi calle, me pongo muy agresivo, pero aquí es lo opuesto”, Nyman acompaña a sus palabras moviendo las manos comoun director de orquesta, “aquí hay mucho jodido ruido.”
Nyman vino a México escapando de esa
vida londinense y se acomodó en una auténtica casona de la colonia Roma donde se puso a editar su propia versión de la película silente de Dziga Vertov Chelovek s kino-apparatom (1929), la cual musicalizó hace algunos años cuando se exhibió en el MoMA en Nueva York. El hombre con la cámara que se mueve es un clásico filme avant gard sin actores, ni historia, donde las imágenes y la cámara se convierten en los protagonistas. Nyman usa videos y fotografías personales, acumulados por más de 20 años, para lograr su propia versión.
“Éste es un proyecto privado, individual y autoindulgente. Lo hago porque siento que estoy más involucrado con mis imágenes que con mi música”. Nyman alcanza un cuaderno de partitura y muestra lo que ha escrito. “Con la música lo que hago es sentarme aquí y lo hago y suena increíble y es bastante aburrido y no creo que haya nada activamente creativo acerca de este proceso, pero cada 5 minutos tenemos algo sucediendo”, Nyman señala a Max, su editor y amigo, y las dos enormes pantallas de plasma. “Hay decisiones que tenemos que tomar que me involucran creativamente todo el tiempo”.
La relación e influencia de Michael Nyman con el cine es obvia, el conocido sitio www.imdb.com le reconoce 82 títulos de películas como compositor. Nyman y Max trabajan desde hace meses en la construcción de lo que será su ópera prima. Días antes, Nyman había dado una conferencia y mostró imágenes en paralelo de los dos trabajos, una especie de trabajo en proceso en la Cineteca Nacional. La respuesta del público fue apabullante, el recinto se abarrotó y Nyman, en categoría de rockstar fue aplaudido. “Tu música ayuda a manipular las imágenes”,comenta el entrevistador. “Eso sólo pasa porque ésa es la naturaleza del cine, ésa es la naturaleza de las bandas sonoras. Y mi música hace lo que hace porque es poderosa en su esencia y manipula la imagen como no lo haría la música de alguien más”, responde Nyman mientras se deja fotografiar en la terraza soleada de su casa.
“Lo que era importante para mí, cuando musicalicé The Man with the Moving Camera, es que cuando ves la película comprendes que tiene un enorme sentido de su propia identidad, es extremadamente
poderosa y necesita música hecha por un compositor que tenga la misma capacidad de poder musical que existe en las imágenes. Dziga Vertov dejó ciertas instrucciones de cómo debía de ser la música de su película. Cuando empecé a investigar para hacer mi versión, deliberadamente no leí su texto, sabía que si lo hacía iba a ser una traición a lo que él hubiera querido, porque él nunca hubiera imaginado mi música”, sentencia Nyman.
“Hay otra cosa que me gusta de México y es cómo las cosas suceden de manera casual. A través de mi ex manager de conciertos conocí a mi nuevo manager de conciertos [Héctor Mijangos] y a través de él he conocido a una colección de personajes que van desde actrices de telenovelas hasta el señor Comex (sic.), a Phoenix y a otros personajes. En Londres nunca sucedería”, remata Nyman mientras se pone un saco de su amigo el diseñador Adolfo Domínguez, lo presume un poco y Max aprovecha la ocasión para pedirle que cuente su anécdota de Alexander McQueen. La petición es un poco mórbida, ya que la muerte de McQueen era demasiado reciente.
“McQueen escogió un momento muy malo para morir, aunque supongo que todo momento para morir es malo”, así comienza Nyman su anécdota.“Lo que más lamento de la muerte de McQueen es algo que quedó en deuda”. Hace un par de años, McQueen contactó a Nyman para que musicalizara un cortometraje, protagonizado por Kate Moss, para un desfile en París. McQueen no tenía dinero para pagar la música pero Nyman, podría cobrar en mercancía de la tienda de McQueen en Old Bond Street. Era un trato,“and now it´s too fucking late”, Nyman se lamenta y Max goza la historia.
Nyman pone de nuevo los ojos sobre los monitores, su música suena, sus imágenes ahora componen una nueva versión de una de las películas más importantes e influyentes en la historia del cine. Nyman es el nuevo hombre con la cámara que se mueve. Suena el timbre, nuestro tiempo se acabó. Michael Nyman nos despide, salimos y en la puerta nos encontramos con otro grupo de entrevistadores. Las mismas preguntas, las mismas respuestas.

¿No les parece que nuestra obsesión con la vida privada de las celebridades ha llegado ya demasiado lejos? ¿No saben ustedes más del divorcio de Madonna que del de sus propios padres? Si yo hubiera sabido que mi papá tenía que agendar sus encuentros sexuales con mi mamá, como todos supimos que tenía que hacer Guy Ritchie con Madonna, quizá hubiera entendido mucho mejor a mi padre.
No quiero sonar anticuado, pero ahora la industria del chisme no tiene límites: resulta que yo, un mexicano cualquiera, sé con quién está engañando Mel Gibson a su esposa antes que ella misma. De hecho, no me sorprendería en absoluto que el propio Mel se despierte crudísimo, sin acor-darse de nada, y sea por una revista de chismes que se entere de que engañó a su mujer.
Lo hemos visto todo: la primera vez que el Loco Valdés habló con su hijo no reconocido, Christian Castro; la autopsia de Valentín Elizalde, la vagina de Britney Spears, en diversos ángulos y humores. La prensa del corazón no se detiene ante nada. Los abogados penalistas deben estar contentos porque finalmente hay una profesión de la que pueden burlarse por tener menos escrúpulos: los paparazzi.
Un abogado que acaba de sacar de la cárcel a un criminal peligroso puede ver una revista de chismes y escandalizarse con el titular: “Tenemos las imágenes de la primera cuba que se toma José José en 25 años”; y el responsable de regresar a las calles al Pozolero, o a Josef Fritzl
(el acucioso austriaco que secuestró a su hija y procreó con ella con el cinismo de una deidad griega), se podría lamentar: ya no hay moral, me cae.
Son tan magníficas las capacidades de intrusión e investigación de los reporteros de chismes, que los deberíamos tener investigando cosas más importantes: un paparazzo seguro que ya habría encontrado a Osama Bin Laden. Es más, ya tendríamos las fotos de Osama en bikini.
Y ahora la cosa ha subido de nivel con los videoescándalos sexuales; gracias a estos detalladísimos videos íntimos –que ya los quisiera Garganta Profunda para un domingo–, conozco mejor a ciertas actrices y cantantes que a algunas de mis ex novias.
Además, como estos videoscándalos sexuales han probado ser un insuperable método de promoción, empezarán a hacerse públicos unos que definitivamente no queríamos ver. ¡Ya apareció el videoescándalo de Capulina! ¡Chin, ya salió el video sexual de La Tigresa con Alejo Peralta! Bueno, ése no es video, lo filmaron los hermanos Lumière.
No tenemos llenadera si de la intimidad de las figuras públicas se trata. Luis Miguel, por ejemplo: estamos perdidamente obsesionados con la vida privada de este cantante. ¿Por qué? El tipo nunca hace nada interesante, siempre está en la playa, echado, rodeado de guaruras. No hace otra cosa. ¡Ya déjenlo en paz. La vida de un betabel es más emocionante!
Me pregunto cómo habrá sido esto de la
celebridad en el pasado. Porque los grandes clásicos de hoy fueron los famosos del pasado. ¿Existieron publicaciones con titulares como Goethe toma el sol desnudo junto a ex de Ludwig van Beethoven, o Cristóbal Colón, todo sobre las fiestas depravadas a bordo de la Pinta?
¿Existirían héroes o grandes personajes de la Historia si en otros tiempos la prensa de chismes hubiera sido como en estos tiempos? Imagínense los encabezados: aparecen cintas magnéticas con las conversaciones sexuales de Alexander Graham Bell y la esposa de Thomas Alva Edison; Simón Bolívar, su boda gay en Colombia; hablan las amantes del cura Hidalgo.
Y en medio de la vorágine, cae la cereza en el pastel: el Twitter. Ahora no sólo puedes ver cada borrachera de Lindsay Lohan, documentada con más diligencia que la Revolución Mexicana, sino que además puedes enterarte minuto a minuto de lo que está pensando (o tecleando sin sinapsis de por medio, quizá sería más apropiado). Así, puedes leer en el Twitter de Lindsay: saliendo de la fiesta, camino a casa de Lorenzo Lamas; un minuto después puedes leer un nuevo update: manejando en Beverly Hills, muy alegre. Y minutos más tarde ver las fotos del Mercedes Benz de la actriz impactado contra un árbol, con ella desmayada sobre el volante.
¿Y cómo era que vivíamos antes sin todo esto?
Cuando los españoles llegaron América, se quedaron maravillados con lo que vieron, un mundo nuevo en donde lo que abundaba no era el oro que buscaban, sino plantas, frutos extraños y exóticos que por su aspecto resultaban quizá más amenazadores que los propios indios. No debió ser fácil animarse a comer algo desconocido, rojo o amarillo, con semillas en el interior, sin temor a caer muertos con la primera mordida. A la llegada de los españoles habían más de 120 variedades de tomates, hoy quedan muy pocas, tampoco hay mucha gente interesada en rescatarlas, y mucho menos en sembrar y cultivar en casa. Dante Aguilar es un agricultor de azotea, dejó el celuloide por los microvegetales, las plantas y los jitomates. A la fecha ha recuperado más de veinte variedades de jitomates, cultiva, cosecha, experimenta e intenta ser autosustentable y de ofrecer algo que no está en el mercado. Su trabajo se resume en el nombre de uno de sus proyectos: Plantitlán.
Cata de jitomates
En la mesa ya estaban colocados dos pequeños contendores con jitomates de distintos colores, rojo, rojo con café, amarillo, y uno con tonos casi verdosos. A los lados dos perros samoyedos parecían interesados en lo que ahí sucedería. Dante cortó algunos y los puso sobre un plato, la cata de jitomates estaba a punto de comenzar. Mientras colocaba los jitomates me dijo que llevaba alrededor de cuatro años cultivando microvegetales y jitomates. Fue al otro lado de la mesa y de una bolsa sacó otros dos contenedores con microlechugas. Mientras las probaba, buscaba a mi alrededor pistas sobre cómo Dante había llegado a eso. En los estantes tenía libros de plantas, de viajes, de Voltaire, entonces le solté la pregunta: ¿Cómo, empezaste con esto? Su respuesta fue tajante: “Yo vengo del cine, y me harté”. Luego continuó: “Me harté de comer en una misma fonda por tres meses, me gusta comer bien, me gusta saber lo que como”. Después agregó: “Esto no es activismo, eso no me interesa, tampoco quiero educar a la gente, creo que preservar especies es tarea de un ciudadano de la urbe y también pienso que se puede vivir de la azotea”. Dante abrió una bolsa buscando algo, después caminó a la cocina mientras me contaba que en el 2007 vio por primera vez a la vainilla. Le sorprendió que siendo un producto mexicano no la conociera. Entonces compró un guato y armó paquetes con dos vainas cada uno para vender. Volvió de la cocina y me mostró una vaina, raspó la orilla y me dio a probar. Nadie compró su vainilla porque era muy cara.

Finalmente decidió acercarse a aquellos a quienes sí les podría interesar sus productos: los chefs. Entonces comenzó él solo con la producción de brotes y poco a poco los chefs comenzaron a buscarlo.
Cómo funciona
“Lo que hago es que trabajo bajo encargo, no siembro masivamente. No siembro para ver si me compran, llego a acuerdos. Pregunto qué necesitan, luego les digo cuándo estará el pedido. Es un trabajo personalizado, a la medida”. Continuamos hablando. Comentamos el sabor de los jitomates, el amarillo por ejemplo, que tenía un sabor delicado. Me dijo también que a él no le interesa volverse una industria o empresario, “el mercado tienen poco que ofrecer, ahí están los transgénicos, esto altera la cadena, la ecuación está volteada.” Dante añadió: “Yo prefiero decirle a la gente que siembre.” Cuando hay alguien a quien le interesa, él está dispuesto a conocer su azotea, ver sus características, la sombra, etcétera, para adaptarla y así ir generando espacios de cultivo que crean oxígeno. Gracias a esto, y al hecho de que sus contenedores son retornables, contribuye a pequeña escala a contrarrestar la contaminación en el DF; además, es una manera de resistir a los grandes monopolios de la agricultura. Hoy, estos espacios no se limitan a las azoteas, pues hace poco estableció un invernadero de 100 m2 que está en Santa Fe. El invernadero es comunitario y lo creó junto con otros socios. El chef Mauricio López puso la inversión, el chef Luis Mendiola puso el terreno y Dante se encargó del “know-how”, así como de involucrar y capacitar a gente, “ya vamos en el segundo corte, la segunda cosecha”. A pesar de que no tienen certificación orgánica, los chefs conocen sus espacios de cultivo y saben que son confiables.
El laboratorio: LA AZOTEA
Llegamos a la azotea seguidos de los perros. Lo primero que me enseñó fue el patio trasero en donde se levantan ya unas chayas, una planta que viene de Yucatán. Seguimos caminando mientras Dante me cuenta que lo que cultiva en esa azotea ya no es para vender, sólo para experimentar. Primero me mostró un cactus, al lado había una mitzuba, una planta japonesa semejante al perejil salvaje y que se está aclimatando. De cada planta comestible Dante me invitó a probar, era difícil detener toda mi atención en lo que me decía y a la vez degustar las cosas que me daba. Los sabores, las texturas
hacían de eso un paseo exótico. Habían algunos pizarrones en las paredes, macetas que él había diseñado, unos cultivos cubiertos con diferentes telas y mallas de los cuales colgaban CD’s que, según me dijo, servían para alejar a los pájaros y a las plagas. Me enseñó las diferentes compostas. Después me mostró las lombrices rojas californianas que se comen el desecho, eran muchas y se retorcían. En su laboratorio pude entender todo lo que hasta ese momento me había contado, pude ver unas microzanahorias que son así de pequeñas gracias al proceso de cultivo, entendí lo que eran los brotes: las dos primeras hojas de la planta que son los cotiledones que envuelven al embrión de la semilla, lo que le permite hacer la fotosíntesis. Había orégano, una lechuga alta y flaca que no se come, rábanos y muchas otras cosas. Me enseñó un horno solar y algo fascinante: un lente japonés enorme y cuadrado, un arma letal que puede quemar un palo, ahumar un salmón y con el que Dante sigue experimentando para saber qué más se puede hacer.
EL FIN
El recorrido termina, nos lavamos las manos y bajamos las escaleras, los perros nos siguen. Antes de partir, Dante me dio un contenedor con lechugas y jitomates. Camino a casa no pude resistirme y me comí dos jitomates. Estaba emocionada por la visita, y de saber que esa casa y esa azotea existieran en una ciudad como el DF. Sin embargo, algo de mi conversación con Dante me perturbaba, algo que seguramente aquellos conquistadores nunca imaginaron y es que en el futuro, nuestro presente, un fruto, un vegetal o el maíz tendrían vitaminas, calcio o hierro adicionados. Quizá nunca pensaron que existiría una empresa como Monsanto que inventaron el Curadan o agente naranja que produciría semillas estériles, dominarían todos los ciclos de producción del campo y se convertirían en marca registrada. O que en el estado de California que vive de la agricultura, los campos serían como sets de película hollywoodense que dan cosecha todo el año y en donde sólo una sobredosis de algún químico los destruye. Pero la tarde estaba linda y antes de pensar en el Apocalipsis, terminé de comer el último jitomate, me sentí afortunada de la experiencia y seguí mi camino.
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