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Jorge Francisco Alonso Stanley Albaitero, mejor conocido en la farandulilla como Paco Stanley, era oriundo del Distrito Federal. Nacido el 3 de julio de 1942, durante su juventud se desempeñó como profesor de secundaria, donde impartió la materia de Literatura.
Licenciado en Derecho por la unam, Stanley también cursó especialidades en Psicología, Mercadotecnia y Publicidad. Tenía una maestría en Literatura y miembro activo del pri.
Stanley incursionó primero en la radio, donde ingresó en 1969, pero fue hasta 1974 que participó en varios programas unitarios, así como en noticiarios de la xew. Para esa emisora condujo el programa Sonrisas y sorpresas, entre 1988 y 1991.
Su carrera en la televisión comenzó en el canal 4, en el programa Nuestra gente. Siguieron otros, pero se le recuerda por sus apariciones en La carabina de Ambrosio, pero sobre todo por su papel de patiño en El club del hogar, donde aprendería el humor gandalla, el cual después perfeccionó y adecuó a su estilo.
Conducido por Daniel Pérez Arcaraz y Francisco Fuentes Madaleno, El club del hogar comenzó a trasmitirse en 1952 y permaneció en el aire durante casi cuatro décadas. Era de esos programas diseñados para un público muy peculiar, pues habrá que recordar que la economía de la época permitía que uno o varios miembros de la familia esperaran la quincena sentaditos frente a la tele.
El club del hogar era uno de esos programas “de variedades” donde lo mismo se presentaba un cantante o grupo musical en ascenso; se daban recetas de cocina; tips de belleza, entre otras cosas. Una de las características de estas transmisiones era la de la publicidad posicionada: conductores e invitados “hacían” los spots comerciales presentando o recomendando un producto determinado.
Luego de la muerte de Pérez Arcaraz, Stanley le entró al quite a manera de patiño de Madaleno. Después, con la muerte de Fuentes, terminó el ciclo de El club del hogar. Aunque Paco ya traía mucha escuela.
A partir de ahí, Stanley comenzó a figurar en la tele de mediodía. Pero fue hasta 1992 cuando le ofrecieron la conducción de ¡Ándale!, con el cual atraparía la atención de millones de televidentes.
A ese programa siguieron Llévatelo y Pácatelas, con los cuales se convirtió en el zar de la conducción y capo del humor gandalla. Su público le festejaba la mofa y la mala leche. Le perdonaba el escarnio, e incluso, hacía suyas frases como “hay o no hay”, “¡romanescos!” o “ay, me resbalé”. Conviene aclarar que el grueso de la población carecía de servicios de televisión de paga, de modo que era casi casi inevitable no ver un hogar donde la hora de la comida no estuviera acompañada por Stanley y compañía.
Si analizamos la tónica de Paco, el principal ingrediente era el humor basado en poner en ridículo a quien se le pusiera enfrente: público, patiños (Mayito, Benito y anexas) y hasta a los invitados. Si bien se trataba de las mismas bromas, las mismas rutinas y los mismos comentarios, sus niveles de rating nunca bajaron. En cada emisión, los mensajes del público se leían pos kilos.
Podríamos resumir cualquiera de sus programas en un dos por tres: autoelogios; carrilla hacia alguien del público; carrilla con sus patiños, el staff o la gente de producción; una de sus canciones (“Susanita”, “La mosca chimuela,” etc.) llamadas telefónicas pidiendo “unos ojitos”; una declamación; una entrevista a algún cantante o “artistas” invitados; el “Gallinazo” de Mayito, y así hasta el final.
No obstante, Paco Stanley era un gran negocio. La publicidad en sus programas era rebosante. Sus discos de poemas se vendían a diestra y siniestra. Incluso, el tema del “Gallinazo” hacía las delicias de chicos y grandes en fiestas infantiles y discotecas.
A finales de los 90, luego de la venta de Imevisión, a la nueva televisora del Ajusco le urgía hacerse de “personalidades”, por lo que la “adquisición” de Stanley fue toda una noticia. Ya con TV Azteca dirigió Una tras otra, un programa idéntico a los anteriores, el cual encabezó hasta su muerte.
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Tras el asesinato de Stanley, comenzó la función. Las autoridades encargadas trazaron varias hipótesis, entre las cuales destacaba los nexos del conductor con el narcotráfico, aseveración que incomodó a los familiares, quienes rechazaron el señalamiento, muy indignados
Después, su patiño Mario Rodríguez Bezares y Paola Durante, fueron señalados como sospechosos, pues se dijo que ambos habían tramado el asesinato del creador de “El charro panzón”, junto con un prominente miembro de la industria ilícita, debido a deudas con este susceptible sector.
Además, se mencionó que Rodríguez Bezares se retrasó de manera intencional en el baño de El Charco de las Ranas para dar tiempo a que los pistoleros cumplieran con su encargo.
Mayito y Paola se echaron una temporada en la cárcel. Incluso, Rodríguez Bezares se declaró preso político y hasta amenazó con escribir un libro, el cual, según él, estaría prologado por el mismísimo Carlos Monsiváis. Por fortuna, tal disparate editorial no se concretó.
Inmediatamente después del asesinato, el dúo dinámico de la televisión mexicana comenzó una escaramuza contra el gobierno capitalino, pues consideraban que estaba desprestigiando a una de sus figuras más emblemáticas y rentables. Su programación habitual fue suspendida y se abocaron exclusivamente al caso Stanley.
Hay que recordar que en esa época se vivían nuevos tiempos políticos. El prd gobernaba la ciudad de México. El gobierno de Cuauhtémoc Cárdenas estaba por cumplir dos años en medio de críticas y de ataques por parte de muchos sectores cuando ocurrió el homicidio de Stanley.
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El caso se enturbió porque siguió su curso en la dirección incorrecta. Casi dos años después, el testigo que acusó a Mayito y a Paola, se desdijo de sus acusaciones. Incluso, afirmó que policías judiciales le aplicaron una buena calentadita para que cantara. Con esta revelación, el caso dio un vuelco, porque Rodríguez Bezares y Paola Durante fueron liberados.
Aunque el caso se empantanó, se ventilaron detalles impropios para una figura pública.
Cuando se hizo el levantamiento del cuerpo de Stanley a las afuera de El Charco de las Ranas, se le encontraron envoltorios con cocaína.
Tres meses después del asesinato, Benito Castro hizo su declaración ante el juzgado 55 penal, con lo cual se confirmó que Stanley y Rodríguez Bezares eran un par de pericos consumados.
Según Benito, Stanley y Mayito consumían diariamente cocaína en sus oficinas y a veces en su camerino. Incluso, dijo que el conductor de televisión usaba un molino de plástico color verde “para triturar la piedra de droga hasta hacerla polvo, y así poder inhalarla en los cortes que ellos mismos realizaban”.
El ex patiño de Stanley sostuvo que cuando Paco y Mayito acudían al baño de los restaurantes que frecuentaban, era para drogarse, y esto lo hacían en repetidas ocasiones.
Sólo así se entiende la mirada de gallo de pelea con la que Rodríguez Bezares salía a cuadro. O la frecuente talladera de nariz de Paco.
En el video “‘Gallinazo’ y la bolsita de coca”, subido a YouTube, se ve a Mayito bailar el ritmo de marras. En una de sus ridículas piruetas, algo cae del saco de Rodríguez Bezares: un bolsita de caspa del diablo. Por eso la cara nerviosa de Mario, que guarda lo más rápido que puede el envoltorio. Por eso la risa cómplice de Paco, al ver tamaña quemada en cadena nacional.
En 2001 se estrenó Un mundo raro, ópera prima de Armando Casas, en la cual se hace una clara alusión al caso Paco Stanley y la vida disipada detrás de la televisión mexicana. Aunque los creadores del filme rechazaron cualquier parecido con el caso, a vuelo de pájaro, el espectador percibe lo contrario.
El 8 de junio de 1999, al día siguiente del asesinato, Jesús Blancornelas escribió en su columna: “Luis Alberto el Bolas Salazar Vega disparó y mató a Paco Stanley”. Pocos hicieron caso de esta aseveración, pese a la veracidad del periodista. Casi 12 años después, el 7 de abril de 2011, el ejército difundió un comunicado a nivel nacional en el que se informaba: “como presunto autor de la ejecución de Paco Stanley, fue detenido Luis Alberto Salazar Vega, el Bolas, en Tijuana”. Blancornelas tenía razón.
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Lo único cierto del caso son los huérfanos que dejó Stanley, esos que, pese a lo podrido del asunto, fueron a llorar ante el cortejo fúnebre. Lo mismo jóvenes, niños, señoras o adultos mayores despidiendo a su artista con lágrimas en los ojos. Esos mismos que primero acusaron de asesino a Rodríguez Bezares, luego lo perdonaron y, poco después, lo olvidaron.
De ese hospicio también vienen los émulos de Stanley. Ésos que ahora llenan las barras de programaciones con humor gandalla, previamente etiquetado como “apto para toda la familia”. De ese asilo vienen Adal Ramones, Daniel Bisogno, Facundo, Jordi Rosado