Facundo Macarrón.
La casa del crimen.
sacarse sangre para los análisis de ADN. Es que sus rastros se mezclaron con los del asesino. Lo único concreto que logró descartar el fiscal fue un homicidio

en ocasión de robo, ya que las joyas de Nora y algún dinero que tenía en su casa seguían allí luego del hallazgo del cadáver. La bomba del caso explotó a mediados de 2007 cuando el fiscal Di Santo imputó por el crimen a Facundo Macarrón, el hijo adolescente de Nora. Lo sorprendente fue que lo acusó por haber violado y asesinado a su madre por un rastro genético incompleto, cuando el chico tiene la coartada de que la noche del crimen estuvo en la ciudad de Córdoba, a más de 200 kilómetros de Río Cuarto, donde estudiaba Derecho. “El imputado ingresó a la habitación de su hermana, donde pernoctaba su madre. Por motivos que a la fecha de instrucción no se han logrado establecer, con intención homicida tomó del cuello a la misma aplicándole fuertes presiones con sus manos colocándola en estado de situación de inconsciencia que mermó su capacidad defensiva, para luego efectuar un ajustado doble lazo alrededor del mismo que sujetó con dos nudos. En ese contexto le habría introducido sus dedos en la vagina y ano”.
La imputación a Facundo Macarrón lo único que destapó fue una confesión que shockeó a todos: el chico lindo, el adolescente perfecto se declaró homosexual. Mataron a su madre, lo acusaron por el crimen y para defenderse tuvo que ventilar a todos su vida sexual. A la hora del crimen estaba en una disco gay de Córdoba con su “amigo” Andy.
Facundo nunca fue detenido y tampoco es el único imputado por el homicidio. Tiempo antes habían detenido a un pintor, Gastón Zárate, que había trabajado en algunas refacciones de la casa. Lo acusaron por violación seguida de muerte. Pero la presión popular ante la injusta detención fue tan fuerte que la Justicia no tuvo más remedio que liberarlo.
También se habló de que a Norita la habían mandado a matar. Un sicario. Se rumoró que su marido había sido el autor intelectual, pero también quedó en la nada. Una nada amplia y enorme en la que la verdad y la justicia parecen naufragar. El crimen de Nora Dalmasso, Norita, es una oda a la impunidad.

Norita era una mujer muy bella. Con sus 51 años tenía un cuerpo exquisito que arrancaba suspiros en los hombres. Mantenía todavía esa imagen que, cuando era joven, la llevó a ser la Reina de la Belleza del Club Estudiantes de Río Cuarto. Norita era una mujer de carácter, muy activa, y pertenecía a una de las familias más acaudalas de la ciudad. Con su marido, un conocido traumatólogo local, tuvo dos hijos: Facundo y Valentina, dos adolescentes que se criaron con los beneficios que tienen los chicos de las clases acomodadas. Era la familia perfecta. Tenían una vida social plena. Vivían en la casa soñada, con alberca y rodeada de una espesa y agradable vegetación. Pero detrás de esa fachada envidiable se escondía una historia oscura de sexo, mentiras, dinero y poder.
Nora Raquel Dalmasso, Norita o La Regia, como le decían algunos, fue asesinada en la madrugada del sábado 25 de noviembre de 2006 en su casa, en el cuarto de su hija, sobre la cama. Nunca quedó claro qué pasó. Y a juzgar por cómo está la causa judicial hoy, parece que nunca se sabrá. Norita fue hallada desnuda con el lazo de su bata alrededor del cuello. Su asesino la ahorcó con odio y también la golpeó, porque ella intentó resistirse.
El crimen ocurrió en la ciudad argentina de Río Cuarto, en Córdoba, a 220 kilómetros de la capital provincial, en una zona rica en tierras, en el centro del país. Allí viven unas 156 000 personas. El motor de la economía se basa en la concentración, comercialización e industrialización de productos agropecuarios.
El homicidio se descubrió en la tarde del domingo 26 de noviembre. Un día después la noticia había trepado a nivel nacional: estaba en tapa de todos los diarios y los noticieros no hablaban de otra cosa. Era la muerte de una señora de la alta sociedad cordobesa y las primeras informaciones, al menos lo que surgió de los peritos forenses que estuvieron y analizaron la escena del crimen, fue que Norita había tenido sexo antes de morir. Hablaron de sexo violento pero consentido. Hasta se deslizó que Norita había muerto como consecuencia de un juego sexual, que consiste en apretar una zona erógena, como el cuello, para alcanzar el éxtasis sexual durante el orgasmo.
El esposo de Nora, Marcelo Macarrón, no estaba en Río Cuarto, sino en Punta del Este, Uruguay, a donde había ido a jugar un torneo de golf. Entonces todo apuntó a un amante despechado.
La foto de cuerpo entero de Nora empezó a publicarse en todos lados y, en paralelo con la noticia, empezaron a rodar una ola de rumores, todos relacionados con su vida sexual. Se empezó a hablar de amantes poderosos, profesionales con mucha reputación en la provincia. Uno de los primeros señalados fue Rafael Magnasco, un reconocido abogado cuya sola mención le costó la cabeza a su jefe político, Alberto Bertea, que era nada más y nada menos que el secretario de Seguridad de la provincia. La de Bertea no fue la única renuncia derivada del caso. Tiempo después renunció el ministro de Seguridad de Córdoba, Sergio Busso, y la cúpula policial.
Norita tenía un amante. Al menos uno admitió que tenía una relación con ella desde 2005. Era un amigo de su marido, el contador personal de la familia, Guillermo Albarracín. Pero él nunca fue sospechoso en la causa porque en el momento del crimen estaba junto a Marcelo Macarrón en Punta del Este. La noche del crimen, Albarracín le mandó un mensaje de texto a Nora desde Punta del Este que decía: “Hola Reina, me gustaría estar ahora con vos. Tengo ganas de verte”.
Lo último que se supo de Nora fue que el viernes por la noche, cuando una intensa lluvia caía sobre Río Cuarto, salió a cenar con un grupo de amigas, que se hacían llamar “Las Congresistas”, debido a que siempre estaban solas porque sus maridos viajaban a muchos congresos. Fueron a un restaurante en el centro de la ciudad. Nora cenó unos ravioles de salmón y tomó vino tinto. Se quedaron allí hasta poco después de la medianoche. Luego fueron a la casa de una de sus amigas. Allí bebieron champagne Pommery, rieron y hablaron hasta las 3 de la mañana del sábado. Norita se fue sola a su casa. Fue la última vez que la vieron con vida.
La investigación de la causa quedó en manos del fiscal Javier Di Santo, quien, pese a recibir ayuda de otros dos fiscales y hasta del FBI en el análisis de pruebas de ADN, hasta hoy no ha logrado armar una acusación concreta y convincente. Es que todo se complicó desde un primer momento. La escena del crimen fue contaminada por al menos 20 personas entre los que estaban policías, el propio fiscal, familiares de Nora y hasta el cura párroco que fue a dar la extremaunción. Aunque parezca una broma, todos ellos tuvieron que
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Número 2
Por: Martin Sassone / Argentina.