
Dos personajes que han sido agentes activos en el desarrollo del arte contemporáneo mexicano. Dos perspectivas diferentes: un curador y un galerista.
Han sido testigos directos de un momento histórico en el que las reglas del juego cambiaron en el mundo del arte a nivel nacional e internacional. Nos platican su visión de cómo ha evolucionado el paisaje del arte en la últimos tiempos.
José Kuri (JK): El entorno del arte es totalmente distinto desde que abrimos la galería hasta este momento; ha cambiado diametralmente en México y afuera. Cuando comenzamos el posicionamiento de los artistas de México era muy distinto, la comunidad era mucho más pequeña y muy concentrada. No había un sistema desarrollado, digamos que había dos o tres galerías que estaban funcionando. Aunque no se estaban enfocando en desarrollar el potencial de los artistas, sino que era más una invitación a hacer una exposición o algún proyecto, y no comprometerse a largo plazo en el desarrollo de su trabajo y de su carrera.
Patrick Charpenel (PC): Creo que la irrupción de kurimanzutto se dio en un momento donde se estaban generando cambios muy profundos, no sólo en el ámbito del arte, sino en el ámbito social, económico y cultural, que corresponden a las consecuencias de la caída del muro del Berlín. Se empezó a expandir lo que ahora llaman el capitalismo salvaje, y a partir de ahí vimos un crecimiento bestial. Empezaron a crecer los mercados, y entre ellos, el mercado del arte. La explosión de Internet y la capacidad de comunicación y desplazamiento hizo que emergiera lo que ahora ya es un término muy desgastado: la “globalización”. Entonces creo que la generación de las galerías de los 70 y de los 80 habían sido galerías que habían creado vínculos muy fuertes con América Latina pero eran casi inexistentes con otras latitudes. Un momento muy importante para México fue cuando se presentó en Nueva York la exposición México: Esplendores de treinta siglos. También esa generación de la Galería de Arte Contemporáneo con Benjamín Díaz, la omr, la Galería de Arte Mexicano o Memo Sepúlveda, que generaron un primer intento de lanzar a una generación de artistas que llamaron neomexicanos. Los quisieron lanzar en Europa y Nueva York de una manera fallida. Fue uno de los primeros intentos, como el caso de Julio Galán, que empezó a circular en galerías de Europa y Estados Unidos. Tenía un padrino tan poderoso como Andy Warhol, y en ese momento ya lo podías ver en exposiciones fuera del país. Creo que ese proceso fue muy importante.
José Kuri: Lo que pasó ahí es que no dejaron nada. Si te pones a pensar, no hay un legado importante. No hay un legado fuerte de ideas.
Nosotros abrimos cuando aún no era visible todo. Lo más interesante que estaba sucediendo en México era la comunidad de artistas, en la que había un intercambio de ideas y experiencias. Había un sentido de comunidad muy estrecho, de mucha comunión. Eso fue valiosísimo y fue lo más importante para que nosotros pudiéramos encaminarnos a abrir la galería.
PC: Y una reacción contra lo que Hal Foster llama “posmodernidad cálida”, que era, en el caso específico de México, justamente lo que se manifestó en el Neomexicanismo, y que, a decir de Foster y muchos otros pensadores, consideran que es una expresión neoconservadora.
JK: Exactamente. Si hay un legado de ese momento, es ése, que fue una reacción que generó tensión. No había espacios si no estabas dentro de los cánones institucionales. Entonces la generación anterior dejó un campo amplísimo para reaccionar y trabajar libremente. Creo que realmente si hay un legado es ése, dejaron abierta una cancha maravillosa. Eso fue muy interesante para poder comenzar.
PC: Considero también que de fuera se crearon un par de proyectos que empezaron a cambiar a nivel internacional también el panorama del arte. Uno de ellos fue la primera exposición que pretendió tener representados a los artistas de todo el mundo, que fue Magicien de la Terre en 1989, organizada por el Museo Pompidou, y después otro evento fundamental y que ocurre posteriormente, fue Documenta X, creo que en ese momento irrumpe también toda una nueva generación de curadores que fue fundamental.
JK: Totalmente, pero todavía estamos muy lejanos al nivel de comunicación que estamos viviendo ahora; creo que eso explotó realmente hasta 2004 o 2005. Cuando abrimos en 1999 era rarísimo. Lo primero que hicimos fue abrir una cuenta de correo electrónico en Hotmail, y era algo muy de avanzada. Mónica y yo nos levantábamos todas las mañanas a abrir el correo a ver qué había llegado, si había trabajo o no. Lo interesante fue pensar que ese correo sería la galería; como no teníamos un espacio, ése era el detonador, porque además no tenía ni siquiera el costo de una línea telefónica. Durante tres o cuatro años solamente teníamos esa cuenta entre Mónica y yo para todo el trabajo. Obviamente, poco a poco creció Internet, la globalización, el boom económico y el mercado. Ahí fue cuando ya hubo una proliferación enorme de artistas y de galerías, pero cuando abrimos en el 99, lo interesante fue que el mercado todavía no tenía ese carácter dictatorial que tiene ahora.
PC: Esa penetración y dominio que ha alcanzado por todos lados. Pero me gustaría resaltar algunas de las cosas que se desarrollaron en distintos contextos del país. Uno de ellos y porque no todo estaba centralizado en la ciudad de México, fue el fracaso del proyecto regio: surgió una generación de coleccionistas muy comprometidos pero en el momento que no lograron que sus artistas tuvieran penetración internacional, se distanciaron y se alejaron del mercado, y el arte en Monterrey se fue en picada.
Pero en ese momento es muy interesante el surgimiento de la Feria de Arte de Guadalajara, ExpoArte. Se convierte en la primera
vitrina no solamente que convoca a artistas internacionales y a coleccionistas internacionales muy importantes, sino también la primera vitrina que permite proyectar a artistas de México en otros contextos. Me parece muy importante la emergencia no solamente de esa generación de artistas; estoy pensando no sólo en la de Gabriel Orozco y Francis Alÿs, sino la generación también de Temístocles 44, artistas como Abraham Cruzvillegas, Eduardo Abaroa o Daniel Guzmán, toda esa generación que, a falta de una respuesta por parte del coleccionismo y de las instituciones y las galerías, crean, con apoyo de Haydeé Rovirosa, un espacio que se convierte en la primera plataforma para exhibir a una nueva oleada de artistas en México.
JK: Lo que es muy interesante es que empiezan a generarse espacios de artistas.
PC: Los talleres con Gabriel o el espacio que tenía Thomas Glassford con Michael Tracy en el centro de la ciudad, creo que fue un momento donde se empezó a replantear y reestructurar todo el sistema de promoción y de producción en México.
JK: Es muy revitalizante, porque es a partir de los artistas.
PC: Hay un texto muy famoso de Cuauhtémoc Medina, en el catálogo de la exposición Acne, en donde pide disculpas a toda la generación y les dice: tienen toda la razón, a falta de crítica, ustedes generaron la primera revista importante que está revisando desde una nueva plataforma lo que se están haciendo, y ustedes generaron un nuevo espacio.
Esa labor que les correspondía hacer a las instituciones, museos, galerías y críticos la realizan los propios artistas a falta de respuestas.
JK: Después de eso empieza a haber un sistema más incipiente de galerías que todavía no tiene consistencia.
PC: Aparecen proyectos de galerías, pero muy inconsistentes, que tienen una vida muy corta. Durante mucho tiempo, en los 80, fue muy importante la relación que hubo entre galerías y artistas. En específico, el caso omr y la Galería de Arte Contemporáneo de Benjamín Díaz, que se
volvieron las dos galerías de artistas jóvenes. Pero el cierre de Benjamín Díaz fue muy dramático. Se cerraba un espacio y se perdía un proyecto.
Ustedes fueron una de las primeras galerías que lograron ese reconocimiento internacional, y que 60% de sus coleccionistas era un mercado no mexicano.
JK: No, 90%.
PC: ¿Pero entonces no dependían de la escena local? ¿Cómo se vivió ese proceso?
JK: No, lo importante es que cuando abrimos la galería, la idea era plantearse que no existía un mercado en México, y que no podías vivir de él; por eso no teníamos espacio, no tenías que incurrir en los costos de tenerlo abierto, buscábamos el mercado fuera. Fue en el momento en el que se empezó a globalizar mucho más el mundo del arte y todos los artistas empezaron a hacer una carrera afuera.
Ahora ya hay más apertura y más relación con lo que está pasando en la calle, pero hace una década no. Así que la manera de poder tener exposiciones era hacerlo primero afuera.
PC: Recuerdo que, durante muchos años, la bandera de los nuevos proyectos de México, la llevaba como proyecto de galería kurimanzutto, y Jumex como proyecto de colección.
JK: Creo que en ese sentido Jumex fue muy importante, le dio una visibilidad enorme a lo que estaba pasando aquí. Jumex abre, y eso amplía la atención que se está generando en México.
PC: Otro de los personajes que resultaron muy importantes fue Guillermo Santamarina, siempre trabajando con la generación de artistas más chavos. Y alguien a quien no conocí, pero que arrancó con ese tipo de proyectos, fue Rubén Bautista, y el que le dio seguimiento de una manera muy consistente fue el Tin Larin.
JK: ¿Y bueno, ahora cómo lo ves, en relación con el contexto internacional?
PC: Creo que los museos en ese momento y las instituciones estaban haciendo muy poco. Ahora me parece que ha cambiado completamente. México es uno de los focos que ha despertado mucha curiosidad e interés en todo el mundo. Hay una producción fuerte de arte en todo el país.
Pero si hacemos un análisis de cuáles fueron los factores que permitieron que se generara este cambio, corresponde al momento en el que Gabriel Orozco tiene su primera exposición en el MoMA de Nueva York. Fue todo un acontecimiento, para los que les gustó o para los que no les gustó, creo que marcó una ruptura definitiva en cuanto a cómo se manejaba el mundo del arte en México.
JK: Ahora lo que siento es que debemos encontrar más consistencia. Por ejemplo, el Museo Tamayo tuvo dos años muy buenos, pero ya después está en un limbo. O se abre el MUAC con grandes esperanzas, pero veamos cómo sigue y qué pasará.
El terreno del arte en México se ha profesionalizado y hay mucha más competencia, sana y necesaria, pero todavía sigue siendo muy inconsistente.
PC: Pienso que a veces se acomoda uno muy a gusto en un espacio de confort, pero creo que es necesario pasar al siguiente nivel. Me parece que se produce muy poca investigación en cuanto al arte contemporáneo en México, y la educación en términos artísticos está muy desatendida. Creo que el fenómeno del mercado ha ejercido una influencia negativa. Es incomprensible que habiendo una escena de arte muy grande y fuerte, se haga tan poca crítica. Además, el mercado sigue siendo pequeño, el número de coleccionistas mexicanos es reducido. Los apoyos y el compromiso de gente que está apoyando proyectos importantes son contados, y todavía seguimos cojeando.
Bueno, Zona Maco se ha ido consolidando lentamente, y no deja de ser una plataforma muy importante.
JK: Maco ayuda a galerías en México a tener una exposición internacional amplia. Ayuda a tener lazos y conexiones con Latinoamérica, que de pronto es un mercado que ha crecido mucho.
PC: Afortunadamente, pues se habían perdido vínculos fuertes entre distintas escenas de arte latinoamericano. Estoy impresionado con la cantidad de artistas interesantes que hay en Colombia, Brasil, Venezuela, Argentina o Cuba.
JK: Sí, y que antes se había perdido mucho eso. Ahorita es un buen momento para apostar y regenerar vínculos geográficos.
PC: Me llamó mucho la atención la representación tan fuerte que hubo ahora en la Bienal de Estambul de artistas latinoamericanas. Creo que es una de las regiones mejor representadas.
JK: Sí, la más ampliamente representada.
Paola Jasso (PJ): ¿A qué creen que se debe?
PC: Creo que es la posición en el contexto actual. Operar desde Latinoamérica, que tiene lazos muy fuertes con Occidente.
JK: Pero que a la vez está al margen, y no estás dentro de la vorágine del mercado. Es un poco como México hace varios años. Es un lugar muy privilegiado en términos de información pero también fuera de ese vértigo.
PC: Y más en contacto con problemas sociales, económicos y políticos reales.
JK: Exacto, son zonas de conflicto.
PC: Sí, es la mejor plataforma de desarrollo para un artista.
JK: Y sigue siendo cultura occidental.
PC: Pero siempre en los márgenes.
JK: Siempre se ha dicho que México está en los límites de la cultura occidental. Eso es lo que lo pone en un lugar privilegiado. Es una construcción y concepción cultural distinta.
PC: Y las herramientas de producción son distintas, no hay tantos recursos para producir como lo haría Jeff Koons. Entonces es también una especie de apuesta que va en contrasentido de lo que ha generado el mercado, de los productos británicos o de Estados Unidos, que no tiene nada que ver con el tipo de producción que se está realizando en este momento aquí.
PJ: Ya para cerrar… ¿Qué verían ustedes hacia delante? ¿Qué se necesitaría para seguir creciendo?
PC: Creo que hoy en día tendríamos que estar preocupados por el lenguaje, ya que el horizonte en el que nos estamos moviendo es el de la información. En la medida en que entendamos cómo se construye y cómo está codificado el uso del poder, cómo está codificada la comunicación, entenderemos el tipo de producción que se está creando actualmente en el arte, y también entenderíamos mucho mejor el tipo de conflictos y crisis sociales, económicas y políticas que estamos viviendo actualmente. Y me parece que estamos totalmente desfasados.
JK: Creo que así podríamos darle valor y perspectiva a lo que se está haciendo ahora.
PC: Hay que hacer un gran esfuerzo para entender cuáles son las bases sobre las que podemos empezar a combatir los problemas que nos ha tocado vivir, y queda mucho por hacer. Hay proyectos muy rescatables y artistas que están trabajando en esa dirección, y no soy pesimista; el mundo va muy mal, pero tengo confianza, no en los políticos, sino en la sociedad civil.
JK. Sí, en la gente.
Fotografía: Ulises García