Cuando eran camionazos, me gustaba sentarme y netear con él, con ellos. Yo siempre fui muy precoz y decía: “La gente mayor me va a enseñar cosas.” Ése fue uno de los highlights para mí en Timbiriche, que esa banda [Las Insólitas…] fuera nuestra banda, ¿no? Y quizá para ellos sea la chamba más patética de sus vidas.
[Todos ríen].
SS: ¿Sabes qué es chistoso? Cuando nos juntamos la primera vez, hace como 10 años, para hacer un reencuentro y tocar juntos en esa época, yo estaba bien peleada con la música de Timbiriche y acababa de sacar un disco, “11:11”. Yo sentía que era mi disco más atrevido hasta ese momento como solista. Sabo Romo tocó en una rola y yo compuse un par más con Jorge Reyes, otra con la Venegas [Julieta]. Como que era un disco más alternativo viniendo de “Rueda Mi Mente”
Tony Solís: Que a mí me gusta. [León se ríe y el tema vuelve a brincar]
SS: Mi entrada a la música tuvo que ver con Michelle [su hermano]; él es 4 años más grande que yo. Obviamente oía a Rush, Pink Floyd y a otras bandas. Me acuerdo que yo estaba bien chavita y no me dejaba entrar a su cuarto. Así que me sentaba afuera de su puerta a escuchar. Me recuerdo haber oído todas las rolas y todas las letras en el pasillo. Era mi ídolo. Es curioso que quien luego se dedicara a la música fuera yo y no él. (Se hace un breve silencio. Sasha y León beben un sorbo de sus cervezas.)
SS: Cuando hicimos el reencuentro, yo estaba muy peleada con esas rolas, me parecía tetísimo salir a cantar “Somos Amigos.” Y entonces me pinté el pelo de rojo, intenté, internamente, burlarme un poco de las rolas y creo que eso estuvo mal, estuvo cabrón. Agradezco que haya habido una segunda oportunidad para no tomármelo personal y decir: “Sí, esas rolas existen y forman parte del colectivo, y no hay más.” Y también me sirvió para hacer las paces con una parte del pasado.
LL: Yo quiero saber cómo fue, ¿cómo los juntaron cuando eran niños?
SS: Estábamos en el CEA [Centro de Educación Artística de Televisa]. Me acuerdo que me escapaba de la escuela para hacer castings. Yo quería cantar, quería actuar y mis papás me regañaban durísimo. Di tanta lata que mi papá me dijo que había un centro de capacitación para chavitos. “Ve y si te aceptan, puedes estudiar,” me dijo. Tal cual, fui hacer la audición y me aceptaron. Había una obra de teatro que ya estaba preparada para el verano y no había un papel para mí. Yo estaba detrás, en los camerinos, ayudando en los cambios y demás. En las noches [Sasha junta sus manos haciendo una oración] decía: “Por favor que una niña se enferme, no mucho, pero lo suficiente como para que yo pueda suplir a alguien. ” [Risas] Yo me sabía todos los papeles de esa obra, La Maravilla de Crecer, igual que mis 35 o 45 compañeros. Un día, una niña se enfermó y Pedro Damián [ahora legendario productor de Televisa] me dijo: “Sara no vino, te toca.” Les gustó mucho como lo hice y pobre Sara, le dieron cran. Las mismas personas de la obra pensaron en hacer un grupo que fuera la respuesta al grupo Parchís y como tenían a todos esos niños ahí, dijeron “Hagamos algo con eso.” Nos escogieron a seis. Un domingo les dije a mis papás si podía estar en un “grupito”. Le di cero importancia para que ellos hicieran lo mismo. Cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde, ya ni cómo sacarme.
III.
SS: ¿Cómo compones? ¿Eres disciplinado o eres…
LL: Ha ido cambiando, primero era como tocar la guitarra y sacar una secuencia de notas que me gustaran, que me hicieran sentir bien. Nunca he sabido mucho de música, pero si algo me hace sentir bien, lo trabajo. Luego llego con la banda y les pregunto: “Qué es esto cabrón? “Ah, eso es un fa sostenido”, me dicen [Risas] Así es como he ido aprendiendo.
SS: ¿Pero compones con guitarra?
LL: Ajá, con guitarra, pero ahora estoy componiendo más con la voz. Se me vienen a la cabeza las melodías, las grabo en el teléfono y después las saco con la guitarra. Lo último que se graba en los discos de Zoe es la voz. Porque mientras todos están en el estudio grabando…
SS: Tú estás escribiendo.
LL: Si escuchas los demos, parece que estoy cantando en el idioma de El Señor de los Anillos, yo le digo washanwer. Suena como inglés, pero no digo nada. Mi bagaje musical es mayor en inglés que en español, es mi referencia. Hago entonces como que canto en inglés y después empiezo a buscar palabras, a matchar la fluidez que te da el washanwer. [Risas].
SS: A los 15 y 16, ¿qué cosas movían en ti las bandas que escuchabas, qué exaltaban en ti?
LL: El rock and roll para mí es juventud y rebeldía. El teen y el rock van muy unidos. Es una búsqueda de identidad. El rock te rebela contra los padres y la escuela.
Sasha y León se quedan pensando, ambos guardan silencio. Tony aprovecha y dispara la cámara. Flash, flash.
LL: Creo que un artista, y me refiero a cualquier tipo de artista, alguien que pueda ofrecer luz a la gente, se convierte de pronto en un faro en la oscuridad. De repente la gente necesita esos faros. Yo, por ejemplo, cuando iba a un concierto, me inspiraba algo. Se te expande la conciencia.
SS: Yo siento que cuando vas a un buen concierto y se da esa experiencia mística, es muy poderoso. Estás al lado del más rico, del más pobre, del más fresa, del más naco, el más gay, el más trip hop [Risas] y están todos ahí compartiendo esa experiencia. Ése es el momento.
LL: We are together in this shit man! [Risas]
Sasha y León no paran de reír. Tony aprovecha y toma más fotos. Risas, flash, risas, flash. La entrevista se acabó.
I.
Sasha Sokol: Tenía muchas ganas de conocerte, León. Me gusta muchísimo lo que haces.
León Larregui: Sí, qué bueno que al fin nos conocemos. Pero aquella vez en la revista Tú, ahí… [refiriéndose a una anterior ocasión que ambos fueron convocados para ser portada de una teen magazine].
SS: Sí. Era…
LL: Eres, revista Eres. Eso no tiene nada que ver con Sasha, ni conmigo. [Risas]
SS: Gracias, León. ¿Cuándo te diste cuenta de que el sonido te movía? ¿Cómo ha sido tu relación con la música? Pero no lo que tú compones, me refiero a la música alrededor de ti.
LL: Es una historia chistosa porque siempre me movió.
SS: ¿Te acuerdas de cuando eras chavito?
LL: Sí, claro. Mi papá era muy cuadrado. Pero cuando tenía 5 o 6 años, mi mamá me llevaba a visitar a sus hermanos; ellos usaban el pelo largo y chamarra de cuero y tenían un grupo de música. Yo decía: Wow, esto es lo máximo. [Risas]
SS: Decías: “Yo quiero ser como mis tíos”.
LL: Ellos traían toda la onda y andaban con chicas muy guapas. Le decían a mi mamá: “Déjalo que se quede a dormir.” Me quedaba con ellos y me ponía a dibujar, ellos estudiaban diseño gráfico. Ahora que tengo conciencia de esas épocas, recuerdo que ahí fue la primera vez que olí la mota y luego, años después, dije: “Ese olor ya lo conozco.” Mientras yo dibujaba, ellos fumaban mota y ponían música de Pink Floyd, The Beatles. Me fueron educando, de alguna forma me influenciaron mucho. Cuando nos fuimos a vivir a Torreón, dejé de verlos, pero cada vez que los veníamos a visitar, me enseñaban más cosas, me llevaban al cine. Yo creo que ahí empezó mi gusto por la música. En la secundaria, Ángel [Zoé], el bajista, y yo íbamos en el mismo salón y ahí formamos el primer grupo.
SS: ¿Cómo se llamaba esa primera banda?
LL: [Se ríe y duda por un segundo] Se llamaba… La Leyenda. [Risas]
LL: Qué nombre, ¿no? [Sasha no puede parar de reír]
LL: Un día llegué a la escuela y Ángel me dijo: “El grupo ya se acabó, cabrón.” Pero en la semana me enteré de que siguían tocando.
SS: ¡Qué poca madre!
LL: Le dije a Ángel: “¿Qué paso?” Y él me contestó: “La verdad es que dice mi papá que no cantas tan chido.” Nos peleamos a golpes y nos dejamos de hablar por años.
SS: ¿Y en esos años tú armaste otra banda?
LL: Obvio, yo decía: “¿Cómo que no canto bien? Están mal.” Me acuerdo que me gustaban canciones de The Police y me grababa para ver si podía cantar o no. Y ahí me empecé a dar cuenta de que no cantaba tan bien. [Risas]
SS: Te diste cuenta de que Ángel tenía razón.
LL: Y así fue como me puse a trabajar en la afinación. Oía algo y lo grababa.
SS: ¿Como qué grababas?
LL: [Cantando] Roooooxane, you don´t have to put yourself on the red light… Hice esto con varias canciones.
SS: Pero no tomaste clases de canto nunca.
LL: No. Nunca.
II.
LL: ¿Qué se siente estar en una banda como Timbiriche?
SS: Yo creo que a Timbiriche está bien incluirlo y trascenderlo, ¿no? Está chido haber participado en ese experimento que generó ese follow up tan cabrón y de tanto tiempo. De pronto es muy loco conocer chavititos que hoy siguen jugando a eso, que en las escuelas siguen cantando “México” en los festivales o que en las bodas toquen esas rolas, ¿no?
LL: Mi hermana, que vive en Nueva York, cuando venía y se quedaba con mi papá mientras estaba enfermo -él murió hace 2 años- ponía la canción “Yo quiero decirte papá” y me llegaba. En la boda de ella, la gente le pedía a la banda: “¡Tal de Timbiriche!”
En este momento Tony Solís, fotógrafo, interrumpe para mencionar que en una fiesta de Youtube, que hizo hace poco, se pusieron varios éxitos de Timbiriche. Sasha le pregunta a Tony, ¿qué es una fiesta Youtube? “Una fiesta en que la música se va programando en el Youtube”, dice Tony. Sasha quiere fumar, pero el salón donde estamos no se permite fumar, León la invita a prender un cigarro e ignorar la ley. La plática se desvía.
SS: ¿Tú eres fan de alguien? ¿Te late alguien para ir a uno de sus conciertos y pegar de gritos...
LL: No. ¿Tú sí?
SS: No, tampoco.
LL: Te cambia estar arriba del escenario.
SS: Si vas a ver a una banda, ¿te gusta ir a visitarlos después del concierto o hablar con ellos?
LL: Depende quién sea, ¿no? El único al quien le he pedido un autógrafo es a Saúl [Hernández]. [Tony Solís suelta una carcajada]
SS: ¿Cuántos años tenías?
LL: Como 15. Yo sí era fan.
SS: Sabes que fueron los músicos de figuración de Timbiriche.
LL: ¿Cómo?
SS: Las Insólitas Imágenes de Aurora eran la banda de Timbiriche. No tenían un varo.
LL: ¿Sabo?
SS: Todos, Alejandro [Marcovich], Sabo [Romo], Alfonso [André], Saúl. Te lo juro. Eran nuestra banda, nuestros músicos antes de ser Caifanes, cuando eran Las Insólitas Imágenes de Aurora y nos la vivíamos de gira juntos. Hueseaban con Timbiriche porque era el mejor hueso de México. Tocábamos siete fechas a la semana, era una locura y ellos sacaban una lana para poder hacer su rollo. Yo babeaba con Saúl, me ponía mucho lo que ellos hacían, cuando llegábamos a un soundcheck y ellos estaban tocando cosas suyas…

León Larregui, frontman de Zoé, y Sasha Sokol, musa solista, se sientan a platicar sin nunca antes haberse conocido. Sai Baba menciona, en su primera Ley de la Espiritualidad, que “La persona que llega es la persona correcta.” Todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender algo y avanzar en cada situación. León y Sasha eran un encuentro destinado a suceder.
Fotografía: Tony Solís